NUESTROS HIJOS

y

La Necesidad de una Educación Cristiana

Parte I

Una Experiencia

He hallado algo de sumo interés para nosotros los cristianos, y quisiera tomaran unos minutos en leerlo ya que estoy  segura les beneficiará.

Primeramente debo decirles que lo que a continuación escribo es sólo una sugerencia, y nuestra experiencia, la cual queremos compartir con ustedes ya que ha nosotros nos ha beneficiado.

En los últimos dos años mi esposo y yo hemos estado batallando entre dos decisiones: enviar nuestra hija a la escuela pública o educarla en casa. Ya ella ha cumplido los cinco años, y hasta hace muy poco no habíamos logrado tomar una decisión.

Después de analizar con detalle la situación actual de las escuelas públicas, hemos encontrado que estas ofrecen nada bueno para la educación de niños cristianos. Nuestra decisión, como padres cristianos, fue la de educar a nuestros hijos en casa.

Las razones que nos han detenido de enviar a nuestra hija a la escuela pública son varias; una de ellas: La actitud de los demás niños que ya están yendo a dicha escuela:

_Agresividad:

_Crítica

_Competencia

_Palabras y señas groseras

Es penoso ver como niños que hasta los cuatro o cinco años fueron nobles y amistosos, luego de estar un tiempo asistiendo a la escuela pública comienzan a usar palabras y señas groseras, y sus peleas son mucho mas frecuentes y serias. La razón de esta situación es la escasa atención que pueden recibir 25 o más niños de una sola maestra. Muchas de las peleas y malas costumbres no pueden ser corregidas, y a la vez son 'copiadas' o aprendidas por otros niños. Nótese que un niño pasa unas ocho horas del día en tal ambiente. Su comportamiento en general será  muy parecido al de sus compañeros y al  ambiente en que pasa la mayor parte de su tiempo.

Parte II

Una Peligrosa Realidad

Mi hija de cinco años suele jugar con los niños vecinos, y muchas veces viene a mí llorando porque estos se han mofado ya sea de su ropa, el pelo, juguetes, etc... en una forma en verdad de muy mal gusto.  He pasado momentos desagradables al escuchar a estos niños gritarse entre sí, y a mi hija, palabras extremadamente groseras (a espaldas de nosotros los padres, por supuesto. Algunos de estos niños son cristianos y van regularmente a la iglesia con sus padres. Lastimosamente influye más en ellos el ambiente secular de la escuela pública que el ambiente cristiano.

Otra de las razones que nos ha retenido: A menudo escuchamos noticias que en tal o cual escuela ha sucedido un incidente fatal con armas de fuego; otras veces secuestros de niños, etc... No creemos necesario exponer a nuestros hijos a semejante ambiente a tan temprana edad.

He oído a muchos padres comentar: "¿Eso significa que debo encerrar a mis hijos hasta que sean mayores?" La respuesta es simple: No, no estoy haciendo semejante sugerencia. Más, lo que sí encuentro apropiado y necesario es que no se le permita al niño estar tanto tiempo mezclado con personas, ya sean niños o adultos, de pocos o ningunos principios cristianos.

Es imprescindible preparar a nuestros hijos con valores morales y conocimientos de su papel o rol en la vida, antes que se enfrenten a un ambiente totalmente opuesto al ambiente cristiano.

¿Cuál es la nutrición espiritual que están recibiendo nuestros hijos en las escuelas públicas?

Los que tienen acceso a Internet podrán encontrar la respuesta en las páginas de información que tienen la mayoría de las escuelas. Esta es una pequeña lista de lo que sus enseñanzas ofrecen:

_Independencia

_Superación Personal

_Sobresalir por fuerza propia

_Espíritu de competencia

En las escuelas públicas no se les enseña a los estudiantes sobre la existencia de Dios. La formación del universo es basada en la teoría de La Gran Explosión o lo que es en inglés: "Big Bang Theory". la existencia del ser humano es basada en la teoría de Darwin.

Después que un niño pasa la mayor parte del día en un ambiente tal:

_Alimentando su ego

_Tratando de no ser menos que el compañero

_En guardia contra los "Bullies"

_Presionado por el ambiente de la moda, "peer presure"

¿Tendrá mucha influencia en ellos nuestras casi siempre acusadoras amonestaciones y espaciados consejos?

El proverbista nos insta: "Instruye al niño en su carrera: Aún cuando fuere viejo no se apartará de ella." Pro. 22:6

La educación es, y ha sido siempre desde los tiempos bíblicos, responsabilidad única de los padres. No permitamos que ese tierno y limpio barro, que es la vida de nuestros hijos la cual a puesto Dios en nuestras manos para ser moldeada en un vaso de honra y gloria para El, sea tomada por manos extrañas que no están preparadas para moldearlo como es la voluntad de Dios.

El apóstol Pablo escribe a  Timoteo: Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, la fe negó, y es peor que un infiel. 1 Ti 5:8

Dando una mirada a los adolescentes que han pasado varios años en las escuelas públicas, encontramos que están sumergidos, ya sea total o parcialmente, en la moda. Una escena muy común es la de un adolescente pidiendo una y otra vez a sus padres que le compren zapatos o ropa de la marca de "último grito". El padre le contesta que esto no puede ser pues cuestan mucho más que unos de marca no tan popular aunque similar en calidad. ¡OH, que horror! Aparecerme yo a la escuela con unos zapatos o ropa que no anuncien bien claro una marca de moda! ¡NO puedo hacer el RIDÍCULO! !No voy a ser el único diferente entre mis compañeros por no andar a la moda!

Otra escena peculiar es un grupo de muchachos mayorcitos no queriendo compartir juegos ni conversaciones con los niños más pequeños. Esta situación es muy común en las escuelas públicas y el mundo en general, situación que es considerada completamente anticristiana y por lo tanto no debe ser permitida en nuestros hijos.

A estos mismos jovencitos los vemos muy entusiasmados al ritmo de la música secular mas depravada y grosera. La música sacra los aburre y hasta los hace sentir ridículos e incómodos en ocasiones.

Muchas veces los padres, cegados por el amor hacia nuestros hijos o amor propio, no queremos ver los tropiezos de estos; aunque reconozco que existen niños de naturaleza más noble y por lo tanto son menos inclinados a las cosas del mundo.

La actitud y personalidad de un ser humano se forman con el diario vivir desde que empieza a dar los primeros pasos. Es un trabajo de aprendizaje por parte del niño y educación constante y responsable por parte de los padres.

El carácter, personalidad o actitud NO son el producto de una situación temporal; tampoco están reducidas a  una etapa de la vida del ser humano como la niñez, adolescencia, etc.... Se acentúan en estas etapas, pero no se deben a ellas. Con esto quiero decir  que la rebeldía de un niño no se debe completamente a que está en la edad de "la peseta" como suele decirse; o que la insolencia de un jovencito se deba precisamente a que está en la etapa de la adolescencia. El niño que ha sido bien instruido en respetar y considerar a los demás, nadie pensará de él que está en tal o cual edad o etapa.

Ahora, el niño que no haya recibido una educación cariñosa y constante por parte de sus padres siendo enseñado a respetar y considerar a los demás, llegará a ser un jovencito veces apático, veces insolente, y muy probable, un adulto frustrado en general.

Nuestros hijos, como cristianos que son, se encuentran en una situación que yo la describo de esta manera: Nadando entre dos aguas o corrientes. Una: la corriente del cristianismo; la otra: la corriente del mundo. Ciertamente la mas fuerte no es la corriente del cristianismo.

¿Por qué esta conclusión? Veamos:

¿Cuánto tiempo pasan nuestros hijos en el ambiente secular de la escuela pública? Alrededor de ocho horas diarias.

¿Cuánto tiempo están nuestros hijos jugando fuera de casa? La mayor parte de la tarde y el fin de semana.

¿Cuánto tiempo pasan nuestros hijos aprendiendo la palabra de Dios?

¿Cuánto tiempo aprendiendo y practicando los deberes básicos de un cristiano?

¿Ocho horas...? ¿Seis...? ¿Dos...?

Creo que nos sucedería lo que a Abraham al contar los justos de Sodoma y  Gomorra.

Yo sé que a muchos esto les parecerá un tanto extremista; pero veamos algo más que nos hará reflexionar sobre el asunto.

¿No es verdad que nos hemos amoldado, de cierta manera, a las costumbres del mundo tocante a la crianza de nuestros hijos? Reflexionemos: Últimamente la diferencia no es tan notable entre los hijos nuestros y los hijos del vecino inconverso.

No esperemos el momento en que descubramos los tristes resultados de nuestro descuido, para entonces preocuparnos por hacer un cambio en la vida de ese hijo o hija a quien permitimos vivir de esa manera por tanto  tiempo.

Recordemos que si ahora nuestros hijos son pequeños, llegará el día en que tendrán que tomar una decisión: comprometerse más con Dios y Su Iglesia, o aceptar cualquier tentadora oferta de tantas que tiene el mundo.

¿Por qué entonces no educarles y prepararles con responsabilidad, dedicación y amor para este futuro tan especial que es el ser siervos de Dios, la Luz del Mundo?

Muchas veces el cristiano, aún de niño, es menospreciado y  ridiculizado por su forma de vida y creencias. Se hace, pues, indispensable que armemos a nuestros hijos con una educación esmerada y centrada, no en "estima propia" ni "superación personal" (Teorías muy de moda pero opuestas por completo al cristianismo), sino en la FIDELIDAD y AMOR GENUINO A DIOS (Jn.14:23 y 24), Su Iglesia y Su Santa Palabra. Pero esto no puede dejarse a un lado durante la niñez de nuestros hijos y tomarlo cuando lleguen a la edad del bautismo.

Sería muy injusto dejarles vivir casi desconectados de la vida cristiana y cuando llegan a la adolescencia, ¡BAM!, comienza la "Reforma":

_No puedes usar ya pantalones.

_No puedes usar sayas cortas.

_No puedes usar camisetas.

_No puedes usar cadenas, anillos, etc...

_¡Tienes que cubrirte la cabeza!

_¡Tienes que ir a todos los cultos y quedarte dentro del templo todo el tiempo que dure el servicio! ¡¡¡Todo esto lo sabes muy bien!!!

Pero es que un CRISTIANO no nace de un día para otro; Se va formando poco a poco, así como se va creciendo en estatura, se va creciendo en riqueza interior. (Luc.2:40, 52)

El resultado de este descuido lo estamos viendo con dolor en los hijos de muchas de las familias de nuestra Iglesia.

Nuestra juventud se debate entre la necesidad de Dios en su alma y la tentación de vivir la vida del mundo. Es doloroso verles luchar desesperadamente entre las dos corrientes, por un tiempo... hasta que a muchos se los lleva la impetuosa corriente del mundo. Otros están aún en medio de la lucha tratando de no tomar partido; y todo porque les faltó esa educación diaria, personal y esmerada que solamente puede dar un padre o madre cristianos.

Parte III

La puerta de Escape

Como me dijera cierta vez el pediatra de mis niños al escuchar mis quejas de madre inexperta: "Ser padres no es tarea fácil, Danny". ("Being a parent it's not an easy job").

Sé que para muchos padres no hay más opción que enviar a  sus hijos a la escuela pública ya sea por desconocer el idioma inglés, ya sea porque tengan grandes necesidades económicas que obligan a ambos padres a trabajar.

Aún en situación tal, los niños pueden ser educados parte del tiempo que están en casa acerca de las cosas de Dios y de cómo debe ser el pensar y actuar de un verdadero cristiano.

Muchas veces nos quedamos contemplando extasiados  a ciertos niños o adultos de nobles modales y exquisita educación, y en nuestro interior deseamos que nuestros hijos fueran así también. Suspiramos y seguimos con nuestro viejo método .

Hacer lo mejor por nuestros hijos es una decisión que conlleva un compromiso de muchos años. Para cumplir con este compromiso debemos sacrificar, muchas veces, nuestro tiempo personal, nuestras salidas de placer, nuestras aspiraciones a un trabajo remunerativo en una empresa, y a ratos nuestra paz interior pues educar a uno o varios niños en verdad pone a prueba la paciencia y amor de los padres. La decisión más fácil es la de enviar a nuestros hijos a la escuela pública, y tomar todas esas horas libres para dedicarnos a nuestras cosas hasta que regresen en la tarde. Reflexiona: ¿Es justo y vale la pena sacrificar el buen futuro de tus hijos por unas horas de tranquilidad o por un salario extra que te permita obtener esas comodidades o pequeños lujos materiales que tanto codicias?

Ni es justo ni vale la pena. Lo que sí vale la pena es tu esfuerzo y sacrificio. Estos se verán recompensados al mirar a nuestros hijos inclinarse con deleite hablando en oración a Dios, escuchando sus sinceras y prontas disculpas cuando se equivocan, mostrándose sorprendidos al escuchar palabras groseras, recordándonos con interés y aprehensión algo que se nos pasó por alto de nuestros deberes para  con Dios.

Unámonos todos en ruego al Señor pidiendo nos de Su Sabiduría (Prov.8:32-35) para entender Su voluntad, y fortaleza para cumplirla. Pidámosle nos de paciencia y amor genuino para, no mirando ni las 'necesidades' económicas ni el sacrificio personal, (el cual es muy pequeño si lo comparamos a Prov.31), tomemos en nuestras manos la educación de nuestros hijos. (Sal.127:3)

 

D.R.S.

Nota: Los que tienen acceso a Internet pueden encontrar mayor información sobre el tema haciendo una búsqueda de la frase: "Christian Homeschooler", "Escuela en Casa" u otra relativa.